Entrevista 16 de febrero, 2015 · Ernesto Pérez Vera ·

O Captain! My Captain!

img_99471Detallista, coherente, objetivo, incansable, resistente, enérgico, rápido y eficaz, Ernesto —hijo y nieto de policías—, a quien le llaman “Bala” o “Capitán”, es un apasionado de su profesión, esa que defiende de sus propios enemigos internos; esa que debe de perseguir sin excusas faltas, delitos o infracciones administrativas; esa misma que sin desmerecer lo anterior debe de ser un brazo más de apoyo a la ayuda social, a ancianos, mujeres, niños y animales; esa que en definitiva está al servicio de lo legítimo y alejada de quienes por su candidez, extremada inocencia, temeridad, exceso de celo, inconsciencia o cultura criminal (el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento) le han tachado de pesetero, sinvergüenza, pistolero, mala persona o corrupto.

Ernesto, un policía jubilado y víctima de un atentado, es de esos pequeños-grandes héroes con el alma en el lejano oeste, en el cercano pasado y en los tiempos futuros, uno de esos señores que hacen de la ley su vida y que a veces pasan desapercibidos hasta que alguien les descubre y les ofrece el elogio de la sociedad, el cariño de una compañía y el amor de un hijo. Ernesto es uno de esos defensores que la justicia debería defender aún más, uno de esos héroes que, detrás de las barricadas, se convierte en camaleón, detective, espía y ejecutor de detenciones dignas de películas.

Cinéfilo, amante de la música, lector acérrimo y escritor meritorio, acaba de publicar la segunda edición de su tercera obra “En la línea de fuego. La realidad de los enfrentamientos armados”, auspiciada por el prestigioso Grupo Editorial Anaya a través de la veterana Editorial Tecnos.

Ernesto, a quien el esfuerzo no le supone un sacrificio, enaltece el trabajo entregándose con tesón a la que siempre ha sido y será su modo de vida, la persecución de cualquier acto delictivo.

Extraordinario y popular en su círculo profesional es en la actualidad un padre inquieto, genuino y enamorado de su familia, un escritor, un novelista, un ensayista, un instructor de tiro, un experto dentro y fuera de los cuerpos de seguridad, un ex escolta destacado por méritos propios.

“En la línea de Fuego: la realidad de los enfrentamientos armados”, título de su última obra y nunca mejor elegido, es la cremallera que cierra la unión entre La Línea de la Concepción, población castigada por continuos enfrentamientos armados entre narcos, contrabandistas y otros delincuentes, y el riesgo de encontrarse expuesto al alcance de la munición de “los malos”. Veintidós casos reales de policías que han sobrevivido a tiros es el alma mater de un libro en una edición renovada que, en menos de un año, supo situarse entre los libros más vendidos en el portal de venta digital Amazon, así como en librerías y centros de distribución nacional.

Esta obra detalla al milímetro el análisis, la técnica y la psicología de los policías en un lenguaje novelesco donde la experiencia, el conocimiento y lo pragmático envuelven al lector de tal modo que este consigue acercase a “la realidad de los enfrentamientos armados” y asimilar que la realidad siempre supera la ficción.

Ernesto reconoce escribir, a veces, con música de fondo. Algunos ejemplos: las bandas sonoras de “Los intocables de Elliot Ness”, “La misión”, “Cinema Paradiso”, “Érase una vez América”, “Días de cielo”, “Bugsy”, “Malena”, “El bueno, el feo y el malo” o “Por un puñado de dólares” aunque le llamen pesetero, sin serlo, y todas ellas del italiano Ennio Morricone quien, más allá de la inspiración, le estimula seguir siendo lo que siempre fue, seguir cultivando su camino para labrar un camino de paz, lealtad y esfuerzo en quien le persigue, alguien abocado a grandes gestas, éxitos y empresas: su hijo, linaje de policías.

Sospechoso de ser amigo de sus amigos, delante y detrás de la verja de Gibraltar, es sospechoso de ir por derecho y de ser culé, creyente y católico, monárquico, de derechas y agente de la autoridad por vocación – que no por intereses ocultos y bastardos – .

Juanjo Sánchez ©
16 de febrero, 2015. Algeciras – Cádiz – 

 

ENTREVISTA a un infante, policía militar, vigilante de seguridad, escolta de VIPs, instructor de tiro, ex-jefe de una unidad especial de la policía, escritor, conferenciante, colaborador de medios y víctima de un atentado; un agente de la autoridad en excedencia forzosa y definitiva para el servicio que, sin dejar de llevar el peso de un pasado cercano, continúa llevando en el alma el amor al servicio público, a la vocación policial y a la defensa de una profesión, a veces, teñida de tiznes y chapapotes de corrupción.

Ex–mando de la Unidad Especial de Seguridad Ciudadana (GESC) – con anterioridad Unidad Especial de la Policía Local (UEPL) del Excmo. Ayto. de La Línea de la Concepción -, escritor, bloguero, conferenciante y autor de artículos técnicos-policiales.

 

ERNESTO PÉREZ VERA

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Ernesto, ¿Qué es ser policía? 
Ser policía no es portar un arma o identificarte con una placa. Cuando niño el coger una máquina de escribir, para mi, era parte del juego de policías y ladrones. Quizás por ello la memoria fotográfica se me haya acentuado. El mejor regalo que tuve de pequeño fue un acierto de mi abuela Visitación: una máquina Olivetti Lettera 32 con la que comencé a jugar usando técnicas de nemotécnia para copiar revistas de policías. Instintivamente y sin darme cuenta creo que empecé a desarrollar la memoria. Me encantaba jugar a policías, pero no solo a pegar tiros, esta profesión tiene mucho más.
El mayor aprendizaje. 
Salir vivo de aquel atentado en el que trataron de matarme y en el que tuve que disparar a mi atacante. ¡Menuda lección fue salir vivo! Le vi la verdadera cara a la realidad que me rodeaba. Descubrí la infamia y cobardía de policías, jefes, políticos y sindicalistas. Una panda de golfos que se quitaron la máscara tras aquel acontecimiento. Nadie quería verse como me vi en estado muy grave. Muy pocos estaban preparados para defenderse como lo hice pero demasiados deseaban ser el protagonista, el herido ante las cámaras… Como creyeron que me darían alguna medalla, trataron con cierto éxito de manchar mi buen nombre y la ejecución de mi acción defensiva. No sabían nada de lo que hablaban, pero les daba igual, solo querían puerquear.

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Después de esto… los momentos más felices de tu vida pienso que han podido ser los que te han sacado adelante…
Los momentos más felices han sido cuando me casé y tiempo después cuando nació mi hijo. Es un tópico, pero es así. Luego cuando la Editorial Anaya me llamó para comprarme los derechos de mi último libro: “En la línea de fuego”, una obra escrita con mi amigo Fernando Pérez Pacho. Grande fue el momento e inmensa la felicidad cuando el grupo editorial me dijo que cruzara la pasarela y que jugara en su equipo.
Un hombre poderoso.
¡No! Soy quien soy, solo eso. Soy feliz y solo quiero tiempo para seguir aquí con mi familia.
Un profesional de la defensa y franco-vigilante, en similitud a un francotirador, ¿desearías ser invisible?
Siempre para estar en el lugar y momento adecuado, para anteponerme al ataque de los que quieran dañar a las personas que quiero: a mi gente. Es mi deber, mi ética y mi razón de ser.
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¿Un policía de tu talante se emociona? 
Es curioso desde el atentado me emociona casi todo. Y, por supuesto, la voz de mi niño. El está llamado a grandes empresas. Una mente privilegiada.
¿Un policía sabe que es el amor? 
En mi caso sí, en otros no lo sé, hay más corruptos de los que me gustaría. Hoy el amor es mi hijo, mi mujer, mis hermanos y mis padres.
¿Qué recuerdo tienes de tu primer amor?
Mi primer amor es mi mujer. No tengo que recordarla porque no me separo de ella más que las horas imprescindibles. Si con esta respuesta en mi próximo cumpleaños no me traen 2 kilos de carabineros…, apaga y vámonos.
¿Qué te aporta ella?
Nada de lo poco que soy sería sin ella.
Tus últimas voluntades. 
Que se recuerde mi aportación en el trabajo realizado como policía en la siempre maltratada ciudad de La Línea de la Concepción.
Un buen número de policías dimos mucho por la ciudad cuando esta estaba destrozada tras décadas de abandono sistemático por parte de las administraciones. La gente ha olvidado que durante años no era novedad policial o judicial que cada 24 horas se contarán a puñados los robos con fuerza y violencia (atracos). Eso acabó gracias a las actuaciones de unos cuantos agentes de la Policía Local.
Se nos criticó y se nos ensució con destreza desde estamentos políticos, sindicales e incluso policiales manejados al antojo de la corrupción, sin ética ni moral. Intentaron masacrarnos.
Quisiera que alguna vez la ciudadanía le diera las gracias a aquellos policías que de modo intachable supieron mantener la honestidad, la entereza y la vocación de servicio. Recuerdo lo que un capitán de la Guardia Civil dijo en una Junta Local de Seguridad: “Gracias a la Policía Local se ha recuperado en La Línea el principio de autoridad que representan los agentes de la autoridad”.
Esa corrupción salpicó a una emisora de radio. ¿Qué tienes que decir sobre aquella sonada radio comarcal a la que tanto se le ha reprochado?
En ella aparecían con cierta frecuencia traficantes de drogas, ladrones o todos juntos para criticar ante los micrófonos las detenciones de las que habían sido objeto por parte de la Policía Local. Todo era una artimaña. Ayudaban a desestabilizar un sistema que se estaba enderezando. Esgrimían argucias para importunar a un político y desprestigiar la labor que desempeñaba el Cuerpo de Policía. Los policías locales éramos el banderín de votos de la política del momento, una mala moneda de cambio usada por todos.
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Algo que no deba de ser olvidado.
La cantidad de droga que unos cuantos agentes municipales eliminamos de la calle, incluso con la zancadilla de algunos de los nuestros.
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Al son de: “Hoy para mí es un día especial, hoy saldré por la noche…”, de Raphael, se despide con una contundente frase: “La gente no sabe que no sabe y por eso es tan atrevida a la hora de opinar creyéndose docta en asuntos que debiera conocer e incluso dominar”.
Con independencia de la divisa: “Més que un club”, a Ernesto le atrapan dos colores: el azul y el rojo, y no por ser culé, condición que sin razón le entusiasma y cada día más, sino porque de siempre la ha gustado esta combinación sin razón alguna. 
 
Hechizado por la cocinera que le sirve marisco y arroz negro en su casa: su señora, confiesa no solo ser un buen gourmet y algo glotón sino también un devorador de mariscos. La colonia de Álvarez Gómez no le abandona y siente que le traslada a aquella feliz infancia junto a Lourdes, aquella que fuese la primera mujer en su vida, quien se la dio: su madre. Mujer a la que recuerda a diario, pero sobre todo cuando reconoce el aroma de Alada, la fragancia que le lleva a sus brazos y al recuerdo del nacimiento de su hermana Rocío en el 79. 
 
Temible y benevolente defensor de causas perdidas, de las injusticias, de los más débiles, de los necesitados, de su castillo: su casa, reconoce no necesitar nada más para vivir. Tiene todo lo que precisa: despertar abrazado a su mujer y a su hijo.
Apasionado de los paisajes de Ronda, de su gastronomía, del mundo del bandolero, de las melodías de Ennio Moricone y la de la serie de los 80 “Canción triste de Hill Street“, es un enamorado de su ciudad natal: La Línea de la Concepción. Y, como no puede ser de otro modo, un fiel seguidor del personaje Francesco Vincent Serpico, descendiente Napolitano, que fue policía en el New York Police Departament – NYPD –en la década de los 60 hasta 1971. Frank Serpico marcará a fuego desde muy pequeño a nuestro protagonista. 

Acceso al artículo: Frank Serpico: La historia de un ‘gran azul’ ” de ERNESTO PÉREZ VERA.
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Parafraseando al guionista de cine estadounidense Sydney Lumet, este es el retrato de un rebelde con causa frente a la desidia, corruptela, prevaricación, hostilidad y despropósitos de una variedad de sinvergüenzas, con voz y mando, sin vocación y catalogados en el cine del lejano oeste como los indeseables solo … por un puñado de dólares.

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RETAZOS DE UNA ENTREVISTA A
ERNESTO PÉREZ VERA POR JUANJO SÁNCHEZ

Juanjo Sánchez ©
16 febrero, 2015 Algeciras – Cádiz –