Artículo 14 de abril, 2016 · Curiosidades del lenguaje: falsos equívocos y etimología popular ·

Curiosidades del lenguaje: falsos equívocos y etimología popular.

Por Antonio Carrillo Tundidor

(Reposición por Juanjo Sánchez bajo autorización del autor)

Son muchos los que creen que la palabra “Yucatán” significa “no te entiendo”, y que su uso se debió a un divertido equívoco entre los españoles y los pobladores indígenas. Pero, por desgracia, la realidad es más prosaica; según algunos autores la palabra procede del maya “Yokot´an”, que significa “gente que habla yoko”. Otros lingüistas mayas afirman que la palabra realmente significa “El que quiere hablar”. No es un caso único, también circulan leyendas urbanas sobre palabras como “Canguro”.

Sin embargo, podemos presentar ejemplos ciertos de palabras cuyo uso proviene de una mala interpretación o simplemente tienen un origen peculiar. Algunas están aceptadas por la RAE; otras no. Se denomina “etimología popular” o “paretología” a la “Interpretación espontánea que se da vulgarmente a una palabra relacionándola con otra de distinto origen” (RAE). Los ejemplos son casi inagotables:

TORPE – Si le denominan “torpe” le están echando en cara su lentitud, su poca gracia. Sin embargo, en realidad, si somos justos con su etimología, lo que en realidad le están llamando es feo, o incluso inmoral, puesto que la palabra “torpe” procede del latín “turpis”, que significa feo o deshonroso. ¿Cómo llegó a significar lento? Seguramente la clave esté en el verbo “torpeo”, que significaba “estar inmóvil”, y al que se parece bastante. El “pez torpedo” debe su nombre no a su velocidad, sino a que es capaz de paralizar a sus víctimas con una descarga eléctrica; (los romanos, conocedores de sus cualidades, los utilizaban para la cura del reuma).
EXPLOTAR – El verbo “explotar” suena parecido a explosión, y por ello se utilizó para definir la acción de hacer explosión. Sin embargo, hasta fechas recientes la RAE indicaba que su uso representaba un barbarismo, pues el significado original y primero de “explotar” es sacar provecho de alguien o extraer de una fuente sus recursos, lo cual nada tiene que ver con un estallido. Posteriormente se ha propuesto el uso alternativo del verbo “explosionar”, sobre todo en conjunciones transitivas con el significado de hacer que algo estalle, como sería el caso de las explosiones controladas. En todo caso, el tema resulta controvertido.
CANAPÉ – La etimología en ocasiones nos adentra en viajes largos como en este caso, pues la palabra “canapé” proviene de “mosquito”. “Mosquito” en griego se decía “kónops”, de donde se deriva “Konopéion”: pabellón de cama o “mosquitera”. La palabra llegó al latín como “conope(um)”, de donde procede el “canapé” o sofá francés. ¿Qué relación guarda todo esto con el pequeño aperitivo a que estamos acostumbrados? Simplemente, es una comparación entre el sofá, que soporta el cuerpo, y el pan, que soporta una porción de comida. Si busca canapé en el diccionario, incluirá la acepción de sofá.
INHUMAR – “Inhumar” un cadáver puede llamar a confusión, puesto que se puede creer que procede de la palabra “humo”, y, por tanto, que su significado sea la quema de un cuerpo; pero esta palabra no procede de “humo”, sino de “humus”, tierra en latín. Además, puede provocar equívoco el que, en efecto, se proceda a inhumar las cenizas, práctica bastante habitual. En todo caso, el acto de quemar un cadáver se denomina “cremación”, aunque preferimos el término “incineración”, al que remite la RAE.
CLÍNICA – Si acudo a una clínica lo más probable es que vaya a someterme a una asistencia ambulatoria, que no precisará de un internamiento. Así sucede con las clínicas dentales o las clínicas oftalmológicas. En general, parece que las clínicas tienen menos entidad que los centros hospitalarios. Y, sin embargo, resulta curioso profundizar en su etimología. La palabra“clínica” procede del griego “kliné”, que significa “cama”. La característica de una clínica, según su etimología, es la presencia de camas, y por tanto la posibilidad de estar internado bajo vigilancia médica.
VAGABUNDO – Podría parecer que su etimología es clara: los que vagan por el mundo. De hecho, no es raro escuchar la palabra “vagamundo”, inexistente. En realidad, el sufijo bunduslatino se utilizaba para dar mayor énfasis a la palabra (como en meditabundo, por ejemplo)
MOCHILA – La palabra procede del vasco “motxil”: recadero. Hasta aquí, podría ser razonable. Pero es que “motxil” deriva a su vez de “motz”, que significa “rapado. Y es que a los jóvenes, por aquello de los piojos, se acostumbraba a raparles el pelo. Este ejemplo, y otros muchos, se encuentran en el Diccionario de Origen de las palabras de Espasa
CERROJO – Antiguamente, las puertas se cerraban con “verrojo” (de “veru”: cierre). Pero con el tiempo, ya que su función era cerrar, “verrojo” pasó a ser “cerrojo”.
AZAFATA – Procede de “azafate” (bandeja) que a su vez procede de “sáfat”, palabra árabe que significaba “cestillo en el que las doncellas depositan los perfumes” y demás objetos que las señoras necesitan tener a mano tanto al amanecer como al anochecer. Hoy en día las azafatas (o azafatos) prefieren la denominación “Tripulantes de Cabina de Pasajeros” o T.C.P.; y su función y responsabilidad sobrepasa, con mucho, la de atender las necesidades del pasaje.
SINCERO – como sucede a menudo, hay varias versiones sobre el origen de la palabra. Algunos autores defiende que procede de sin + número cero o vacío; otros defienden que procede de sin + cera, y lo explican por las artimañas que los escultores renacentistas utilizaban para disimular con cera los desperfectos en sus obras de mármol. Otros autores defienden la teoría de la cera, pero en relación con la miel adulterada que se vendía en Roma. Esta última explicación parece la más probable.
MOROSO – la palabra procede del latín “morosus”, que significa malhumorado. El problema es que se parece a mora (retraso). Este y otros ejemplos de etimología popular los pueden encontrar en la página dechile.net
LATENTE – (del latín “latens”) a menudo se utiliza esta palabra como sinónimo de “palpitante”; y de hecho se parece a “latido”; sin embargo, realmente significa ‘oculto, escondido o aparentemente inactivo’. La palabra correcta es “latiente”.
PECUNIO – si busca esta palabra en el diccionario de la RAE, no espere encontrarla. Y el caso es que se utiliza, y mucho, en relación con el dinero. Procede de “pecus”, palabra latina que significa ganado (el ganado era expresión de riqueza y moneda de intercambio en la antigua Roma). Le propongo que busque “peculio”, una palabra mucho menos conocida, del latín “peculio”, y que sí significa dinero. ¿Por qué el error? Por la palabra “pecunia” (igual nombre en latín), que define el diccionario de la RAE como forma coloquial de decir dinero.
MINIATURA – “Miniatura” no procede de “mínimo” o “menor”, sino de “minio”, el oxido de plomo que se empleaba como pintura. Por lo tanto, las miniaturas no tenían por qué ser de pequeño tamaño. Hoy en día la RAE lo admite como sinónimo de tamaño pequeño.
EN PELOTAS – Si uno se queda “en pelotas” no significa que muestre necesariamente sus gónadas masculinas (llamadas vulgarmente pelotas), sino que se queda a pelo descubierto (pelo + el sufijo aumentativo otas).
TESTÍCULOS – Ya puestos a hablar de genitales, la palabra “testículos” tiene una etimología bastante curiosa. Procede del latín “testis”, que significa “testigo”. Junto con el sufijo diminutivo “iculu” (pequeño) vienen a significar “pequeños testigos” de la virilidad masculina. No haremos más comentarios.
ALTOZANO – Si nos situamos en un “altozano” queremos decir que estamos en un lugar elevado. Pero su etimología resulta de lo más sorprendente. Procede de la palabra “antuzano”, que proviene de ante (delante) ostium (puerta); es decir, delante de la puerta. Los “antuzanos” son espacios abiertos frente a un edificio, generalmente delante de las puertas de las iglesias, donde se reunía la población tras asistir a misa, y que solían estar situadas en la parte alta de las poblaciones.
ÁLGIDO – Decimos que se alcanza el punto álgido en el sentido de más alto. Pero “algidus” en latín significa tener frío. La explicación de por qué ha llegado a significar lo contrario es apasionante: en el siglo XIX Europa sufrió una terrible epidemia de cólera. Los médicos describieron las fases de la enfermedad, haciendo hincapié en que el momento más importante se alcanzaba cuando el enfermo tenía una mayor frialdad en la piel.

Antonio Carrillo Tundidor © 

Gerente de Tradux S.L.; tiene estudios de Derecho, Relaciones Internacionales, Música y Filosofía. Ha trabajado de psicólogo industrial.